Empieza el verano. Bueno, en realidad ya está aquí, sólo que es una de esas cosas que van sucediendo sin que te des cuenta. De repente un día tienes que cambiar tus zapatillas por sandalias y los vaqueros por bermudas, si no no hay forma humana de caminar por Los Jereles.
Uno de los principales signos estivales, aparte el insufrible calor prácticamente desértico que tenemos en esta parte del Google Earth, es que comienza a haber multitud de carteles por las calles pregonando infinidad de fiestas, festivales y conciertos; algunos para no hacerles ni caso, con lo que no presentan problema alguno; otros ponen a prueba seriamente nuestra capacidad de elección. De esta guisa, como si se acudiese a una carrera de caballos, se hace difícil apostar por el ganador. Uno deposita su confianza en su corredor favorito y a veces se gana, otras se pierde. En este caso la apuesta fue en pro de la diversión y el rock'n'roll combinados.
Es a lo que nos tienen acostumbrados los emblemáticos Mojinos Escozíos, este grupo sevillano-catalán que se consagró en el panorama musical ofreciendo una buena alternativa rockandrollera y berraca. El pasado viernes, como ya adelanté en las líneas de Doblando el Mapa, se acercaban por tierras jerezanas estos gamberros incorregibles para dar una muestra de sus artes.
Allí acudimos El Sexto Mojino, cómo no (aunque tuve que convencerlo de que viniera, pese a que suene paradójico), acompañado de su compañera de amores La Desequilibrá, El Hombre de Rota y un servidor, El Andaluz Errante. Todos con idea de pasarlo estupendamente. Volé del trabajo al bar con la velocidad que sólo proporciona un viernes por la noche, donde me esperaban La Argentina Aflamencada, que venía de pasar una relajada tarde de playa, y El Hombre de Rota. Cervecita ritual y rodando hasta el Campo de la Juventud, emplazamiento del evento artístico-cultural. Pasamos por casa para dejar allí a La Argentina Aflamencada, que no gustaba de esta clase de galas.
Reunidos los cuatro asistentes en la entrada, pasamos hacia dentro tras pulir las birras previas en la puerta. No tuvimos que esperar en una larga cola, como en otras ocasiones. Ya sonaban al fondo los teloneros, un grupo llamado Los Dominios del Lobo, que con un nombre así no prometían mucho a la hora de calentar el ambiente para lo que se avecinaba. De hecho, eran un exponente de ese pop-rock de moda que abanderan grupos como El Canto del Loco, Pereza, y demás peñazos. Bueno, era el momento perfecto para acercarse por la barra.
Allí pudimos comprobar cómo sube el coste de la vida durante un par de horas dentro de un local en fiesta. Supongo que era un hecho más que justificado, pues los gobernantes de la barra eran expertos en matemática astronómica y, por supuesto, en ellos había que confiar. La maceta de cerveza costaba la friolera de cinco euros (casi dos cubatas de un bar medio). ¿Por qué su contenido sería de 75 centílitros, en lugar del tradicional litro? Bueno, de todos es sabido que el rock trata de romper con los valores de una sociedad anquilosada, así que se deberá a un acto de rebeldía. Pero estos chicos eran unos genios, ya que sus cerebros manejaban los números de forma que escapaban a nuestra comprensión. Cuando El Hombre de Rota preguntó que si podían dividir la maceta en vasos pequeños, aquel Einstein de la noche respondió que podía ponernos el contenido en dos vasos pequeños (de 25 centílitros cada uno). Era una operación tan compleja para nuestras pobres cabezas castigadas por años de trabajo y fiestas que decidimos quedarnos como estábamos.
En fin, de vuelta a la arena, no muy concurrida, por cierto, vimos con placer el final del concierto previo, esos rompedores Dominios del Lobo. Rompedores de guitarras, de tímpanos y del sentido común. La llegada de los héroes era inminente.
Aparecieron vestidos de vikingos, con un espectacular comienzo de concierto, con su consagrado éxito Tío Chulo, toda una exquisitez. Luego, El Sevilla, líder de la banda, nos preguntó a los concurrentes "¿Teneiii prizaaa?". Todos contestamos con un coordinado "¡Nooo!" que acabó siendo nuestra perdición. No tenemos prisa fue el tema que siguió, obvio. Fueron varias las muestras del buen rock de los Mojinos, pero al llegar al tema ¿Me has dicho borracho?, entraron en una dinámica al principio divertida que se alargó hasta el empacho. El Sevilla comenzó a cortar los temas para incluir números de humor basados en el jaleo al público y los chistes repetidos hasta la saciedad, llegando a dejar a un lado la música. Rompió el ritmo de lo que podía haber sido un concierto magnífico con una combinación inteligente. Lo peor es que el público le hacía la corte, de forma que los endiosados Mojinos no arrancaban ni a tiros. Cuando volvieron al guitarreo ya estábamos totalmente fuera.
Entretanto, El Hombre de Rota hacía sus lances con una periodista que se hallaba entre el público. La cosa no cuajó del todo tampoco en este plano. Nuestro querido amigo es un hombre de acero que sabe cómo mantener las distancias con el sexo opuesto. Creo que aún le quedó alguna secuela de cuando estuvo abducido por aquella secta tenebrosa. En fin, aún dispongo de su número de teléfono y de su correo electrónico por si las chicas del Google Earth quieren conocer a un fuera de serie algo desmotivado pero con unos valores excepcionales.
Si duda alguna, lo mejor de la noche se desarrolló en la cerveza de después, que tomamos en La Comedia, local que es ya toda una institución de lo macarra en nuestra querida ciudad. Risas cotidianas y dorado alcohol que nos dejó listos, al punto de elegir el pie como medio de vuelta al cubil. Era mejor evitar los riesgos de una pérdida de puntos en el carné de El Hombre de Rota.
La noche no dio de sí todo lo que se esperaba; ni siquiera los miembros del grupo bajaron a firmar discos, como, según cuenta El Sexto Mojino, experto en la materia, suelen hacer en todos sus conciertos. El éxito puede llegar a cegar a quienes toca y a alejarlos de los mortales de a pie. Como resultado, el crecimiento vertiginoso de la prisa que en principio no parecíamos tener.
Saludos errantes.