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Doblando el Mapa

LO JURO: LA CULPA FUE DEL PIMIENTO

LO JURO: LA CULPA FUE DEL PIMIENTO

     No se hasta qué punto uno puede creer (o creerse a sí mismo) si hablamos de excusas después de cometer errores que son capaces de avergonzarnos ante los demás. Más cuando nos encontramos en la tierra de las excusas por antonomasia; para demostrar esto último solo tengo que remontarme al caso verídico de los instaladores del armario empotrado que faltaba en mi domicilio. Tardaron un mes en venir a montarlo, y este mismo lunes (curiosamente despues de la feria), aparecen dos de ellos con las piezas del armario diciendo que habrían de venir al día siguiente. Existen dos versiones diferentes de los hechos:

      a)- Mi mujer (¿te acuerdas de la argentina aflamencada?) ve llegar a tres armarios, uno desmontado y dos caminando sobre sus dos patas, explicando antes de entrar que el instalador había faltado al trabajo.

     b)- Yo subo a por una cosa que se me había olvidado al salir para el curro, y me encuentro con dos individuos enmonados (vestidos con un mono), que tratan de convencerme de que les falta la herramienta.

     Podría extenderme en esta historia, pero no debería andarme por las ramas, pues el motivo que me impulsa al artículo de hoy es bien distinto.

     Debo hacer una declaración pública que bien puede sonar a excusa, además, de las menos elaboradas, pero  quedaría en mi consciencia si evito la responsabilidad de defender la verdad a toda costa, ya que, como le dijera el tío Ben a Peter Parker, alter ego de Spiderman, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, y disponer de este blog gratuito me empuja a contarte siempre lo que realmente pasó.

     Para que te sitúes, debo remontarme a un domingo cualquiera de abril en el que, sin motivo aparente alguno, se organizaba a pocos kilómetros de aquí una comida mexicana a la que había sido invitado.

     Tras darle un par de vueltas, decidí que lo mejor sería corresponder a la invitación y allí me presenté, dispuesto a romper con la monotonía del puchero, el gazpacho y las lentejas. No hacía sol aquel día, más bien estaba nublado e incluso llovió, y en la casa donde se celebraba el evento todos se agolpaban ya en el salón contemplando con gran espectación cómo Fernando Alonso quedaba segundo en el Gran Premio de Italia de fórmula uno. Me recibieron los anfitriones con efusión y el alma de la fiesta, un espermatozoide con mucho brío, ya me tenía preparado el primer tequila, con su sal, con su limón, como debe ser, vaya.

     Comencé a picar y a hacer un poco de vida social entre los concurrentes cuando el segundo tequila se convirtió en un acto colectivo de adoración a México. Alguien trataba a toda costa de alcanzar el equipo de música para poner un CD de Rocío Dúrcal a manera de doble homenaje. Otros cuantos trataban de impedírselo.

     Entonces comenzó a aparecer más gente, como sucede siempre en estos casos, y aquí fue donde observé que el detalle de recibir a los recién llegados con una rodaja de limón, el salero y un chupito de plástico hasta arriba de tequila era un distintivo de la fiesta. El Andaluz Errante siempre tuvo un espíritu hospitalario, con lo que para no ser descortés, rápidamente me prestaba a acompañar al bienvenido con su trago.

     Entre cerveza y cerveza, pude llegar a contar un total de cuatro tandas de nuevos invitados, al menos de las que yo fuera consciente. Y entre ellas, llegaron los tacos, el chile, el guacamole, solicitando audiencia inmediata con el  señor  Gambrinus tras su ingestión.

    En esto, y de forma muy discreta, comienza a correr el rumor entre los presentes de que no todos los integrantes del comité estaban fumando tabaco, así que un paseito por el patio me llevó a llenar mis pulmones con vitaminas T, H y C (ésta última muy efectiva conta los resfriados).

     Bien, pues durante los siguientes actos sociales, que no iban más allá de la conversación, pues aún no había llegado el baile, comencé a sentirme blanco y poco estable. Ya no era yo quien hablaba y escuchaba, estaba demasiado ocupado en mantener la estabilidad, que había perdido así como de repente.

     En repetidas ocasiones fui a tomar medidas al servicio de los anfitriones, como si de un escayolista más estuviera hablando, y tras dichas idas y vueltas, agotado por el esfuerzo extremo, no pude evitar caer paulatinamente en un estupendo sopor.

     Todos y todas los que presenciaron lo sucedido, y quizás también tú, que visitas al Andaluz Errante, pueden pensar que la causa del lamentable estado en que acabé (ver foto) no fue otra que el exceso incontrolado con el alcohol, aunque existen quienes mantienen la teoría de que el motivo fue la mezcla de espirituosos con otras sustancias.

     Sin embargo, y esto es lo que quiero dejar claro, estoy seguro al cien por cien de que mi descomposición y el dulce sueño (no podía ser de otra manera, ¿eh?) en el que me imbuí fueron consecuencia de otra bravonada bien distinta. En algún momento del ágape, nuestra increíble cocinera experta en mexicanismo sacó a la mesa un plato de pimientos picantes al más puro estilo charro. Y ahí estábamos los muy machos, a ver quien se comía uno de un bocado. Después de una serie de objeciones y argumentaciones, y a la siempre alentadora voz  de "no tiene cohone" quien te escribe se tragó una de aquellas diminutas bombitas verdes si rechistar, sin soltar una sola lágrima y disminuyendo el diámetro de su orificio anal en un  25%.

     Nada más que explicar. Soy un hombre resistente que ha vivido mil juergas diferntes. En algunas salí mejor parado que en otras (lo pueden ratificar algunos gallegos), pero en esta ocasión, aunque parezca una excusa más, lo crea quien lo crea, no importa, juro que la culpa fue del puto pimiento picante.

Saludos errantes.

5 comentarios

Benethas -

puedo dar fe de todo lo que ocurrio alli, yo era ese ser que queria a toda costa hacerle el homenaje a Rocio Durcal.... todo fue genial, aunque yo tendria otros puntos de vista y acontecimientos que se pordujeron mientras el narrador de la historia entro en sueño profundo... ;)

Patrick -

tengo yo una historia parecida... solo que no habia pimiento a kien echarle la culpa ... ;)

Sagres® -

Tio, q tenia q ver el armario empotrado en todo esto?? xD

Me a recordado a Homer cuando va a la feria de chili, y se come en plan brabucon un pimiento de esos cultivado por pacientes de un psiquiatrico Guatemanteco...Y despues le pasa algo como a ti...Viste a algun coyote parlante?? xD

melocomotó -

Como buena viajera, en una fugaz salida del barrio más molón, he recabado en las dulces orillas errantes para recrearme con gran gusto en el mayor exponente de literatura descriptiva excusativa que he leido en las últimas 24 horas. Qué manera más gloriosa de extender la explicación de una papa gorda!

Memolamipelo -

Excusa digna de Shin Shan