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Doblando el Mapa

Crónicas de arte

¡BIEN, CORRECTO, EN SU SITIO!

¡BIEN, CORRECTO, EN SU SITIO!

    El pasado sábado seguimos en busca de la diversión estival. ¿Para qué parar? Ya descansaremos cuando seamos mayores y nos jubilemos (si es que para cuando nos toque aún existe la jubilación). En este caso el reclamo no era otro que el concierto que el grupo jerezano Los Delinqüentes daba en Sanlúcar de Barrameda, tierra de mariscos y manzanilla (lo último se lo pueden quedar, con todos mis respetos, siempre que haya cerca un finito de Jerez). La noche anterior, Los Mojinos Escocíos no acababan de dejar al Andaluz Errante un buen sabor de boca, así que nos aventuramos sin pensarlo demasiado; había que recuperar el nivel de bienestar. Superada la resaca, a eso de las ocho de la tarde, partimos hacia tierras sanluqueñas.

     En esta ocasión, La Argentina Aflamencada sí que se decidió a acompañarme, hecho que me tranquilizó bastante. Es una señal inequívoca de que a pesar de mantener su identidad albiceleste continúa mostrando interés por la cultura de este rincón del Google Earth. ¡Seguiré teniendo gazpacho fresquito! También vinieron al evento, agregados a última hora, como en otras ocasiones y siempre para alegría nuestra, El Sexto Mojino y La Desequilibrá.

     Una vez ubicado el Teatro Municipal, especie de solar -que de teatro tiene el nombre- donde iba a tener lugar el espectáculo, aún tuvimos tiempo de dar un paseo por la hermosa playa de Sanlúcar, donde pudimos disfrutar de una magnífica puesta de sol con el Parque de Doñana como horizonte. Tintitos de verano en una terraza chiringuitera y parapentistas sobrevolando la zona junto a las gaviotas. Calidad de vida en Bajo de Guía.

     Cuando volvimos al Teatro Municipal nos sorprendió una enorme fila que llegaba varias manzanas más allá de la entrada. Pacientemente ocupamos nuestro lugar, perfumado con fragancias naturales de hierbas fumables universales. Una media hora más tarde cruzábamos con gloria aquella puerta custodiada por los dos vigilantes de seguridad de turno. Pasamos por el puesto de camisetas, donde El Andaluz Errante añadió una más a su colección. Montones de molestos "canis" poblaban el lugar hata arriba de todas las sustancias. Es lo que tiene el flamenqueo moderno, que atrae a este tipo de seres, pero después de todo el ambiente permitía que cada uno fuera a lo suyo.

     Abrió la noche el grupo telonero, los sanluqueños Sin Noticias de Gurb, que a pesar de mostrar con su nombre un buen gusto en cuanto a literatura (está basado en el título de la divertida novela de Eduardo Mendoza), resultaron ser una muestra más de lo que tuvimos que tragar la noche anterior con Los Dominios del Lobo, ese nuevo pop-rock light. En este caso mejor instrumentado, quizás, pero plagado de letras lloronas. Aunque después de todo nos regalaron con una curiosa versión del tema Voy a pasármelo bien, de los míticos Hombres G, ídolos de adolescencia de toda una generación.

     La Argentina Aflamencada y quien te escribe aprovechamos los últimos temas de los teloneros para buscar un buen sito desde donde sacar las fotos que ilustran las líneas de hoy. Un buen rato después (se hicieron un poco de rogar, todo sea dicho), aparecieron los garrapateros de Los Delinqüentes, entre una gran nube de humo iluminada y una mayor ovación del público.

     En este caso, el grupo sí dio lo que se esperaba de ellos: sus refrescantes ritmos de rumbas, bulerías y tanguillos mezclados con blues, rock, reaggae, hip-hop y otros colores. Salpicaduras de humor en su justa medida y de una forma espontánea y natural. Momentos emotivos, como la dedicatoria del concierto por parte del Canijo al desaparecido Migue, alma del grupo en otros tiempos, que nos dejó prematuramente. Sorpresas de varios tipos: temas nuevos, la presentación de Las Michu, tres rumberas jerezanas que hicieron un par de temas cuando menos curiosos y la invitación a subir al escenario, entre otros,  a un chavalín de palmo y medio que nos hizo reir bastante, cantando junto a los jerezanos La primavera trompetera (¡toma, quema la goma!). No fue un concierto apoteósico, pero fue un muy buen concierto.

     Por otra parte, Los Delinqüentes interactuaron con el público hasta las últimas consecuencias. Casi al final del espectáculo tuvo lugar en  el aforo una pelea entre dos asistentes (vete a saber por qué). El dúo jerezano estuvo rápido al parar la disputa desde el escenario, subiendo a uno de los beligerantes al escenario para que cerrara con ellos en la fiesta por bulerías. Todo un gesto por su parte.

     Una noche garrapatera que se extendió hasta las dos de la mañana, de forma que El Andaluz Errante no pudo disfrutar, como tenía previsto, de su ración de gambas de Sanlúcar al salir del concierto. Pero será en otra ocasión, qué le vamos a hacer. La verdad es que mereció la pena.

     Al llegar a casa, reventados, y tras saludar a Lola, que nos esperaba paciente,  tuve la sensación de que todo estaba bien, correcto, en su sitio.

Saludos Errantes.

Los Delinqüentes nos refrescaron en Sanlúcar con sus ritmos garrapateros

 

ESTA NOCHE NO TENEMOS PRISA

ESTA NOCHE NO TENEMOS PRISA

     Empieza el verano. Bueno, en realidad ya está aquí, sólo que es una de esas cosas que van sucediendo sin que te des cuenta. De repente un día tienes que cambiar tus zapatillas por sandalias y los vaqueros por bermudas, si no no hay forma humana de caminar por Los Jereles.

     Uno de los principales signos estivales, aparte el insufrible calor prácticamente desértico que tenemos en esta parte del Google Earth, es que comienza a haber multitud de carteles por las calles pregonando infinidad de fiestas, festivales y conciertos; algunos para no hacerles ni caso, con lo que no presentan problema alguno; otros ponen a prueba seriamente nuestra capacidad de elección. De esta guisa, como si se acudiese a una carrera de caballos, se hace difícil apostar por el ganador. Uno deposita su confianza en su corredor favorito y a veces se gana, otras se pierde. En este caso la apuesta fue en pro de la diversión y el rock'n'roll combinados.

     Es a lo que nos tienen acostumbrados los emblemáticos Mojinos Escozíos, este grupo sevillano-catalán que se consagró en el panorama musical ofreciendo una buena alternativa rockandrollera y berraca. El pasado viernes, como ya adelanté en las líneas de Doblando el Mapa, se acercaban por tierras jerezanas estos gamberros incorregibles para dar una muestra de sus artes.

     Allí acudimos El Sexto Mojino, cómo no (aunque tuve que convencerlo de que viniera, pese a que suene paradójico), acompañado de su compañera de amores La Desequilibrá, El Hombre de Rota y un servidor, El Andaluz Errante. Todos con idea de pasarlo estupendamente. Volé del trabajo al bar con la velocidad que sólo proporciona un viernes por la noche, donde me esperaban La Argentina Aflamencada, que venía de pasar una relajada tarde de playa, y El Hombre de Rota. Cervecita ritual y rodando hasta el Campo de la Juventud, emplazamiento del evento artístico-cultural. Pasamos por casa para dejar allí a La Argentina Aflamencada, que no gustaba de esta clase de galas.

     Reunidos los cuatro asistentes en la entrada, pasamos hacia dentro tras pulir las birras previas en la puerta. No tuvimos que esperar en una larga cola, como en otras ocasiones. Ya sonaban al fondo los teloneros, un grupo llamado Los Dominios del Lobo, que con un nombre así no prometían mucho a la hora de calentar el ambiente para lo que se avecinaba. De hecho, eran un exponente de ese pop-rock de moda que abanderan grupos como El Canto del Loco, Pereza, y demás peñazos. Bueno, era el momento perfecto para acercarse por la barra.

     Allí pudimos comprobar cómo sube el coste de la vida durante un par de horas dentro de un local en fiesta. Supongo que era un hecho más que justificado, pues los gobernantes de la barra eran expertos en matemática astronómica y, por supuesto, en ellos había que confiar. La maceta de cerveza costaba la friolera de cinco euros (casi dos cubatas de un bar medio). ¿Por qué su contenido sería de 75 centílitros, en lugar del tradicional litro? Bueno, de todos es sabido que el rock trata de romper con los valores de una sociedad anquilosada, así que se deberá a un acto de rebeldía. Pero estos chicos eran unos genios, ya que sus cerebros manejaban los números de forma que escapaban a nuestra comprensión. Cuando El Hombre de Rota preguntó que si podían dividir la maceta en vasos pequeños, aquel Einstein de la noche respondió que podía ponernos el contenido en dos vasos pequeños (de 25 centílitros cada uno). Era una operación tan compleja para nuestras pobres cabezas castigadas por años de trabajo y fiestas que decidimos quedarnos como estábamos.

     En fin,  de vuelta a la arena, no muy concurrida, por cierto, vimos con placer el final del concierto previo, esos rompedores Dominios del Lobo. Rompedores de guitarras, de tímpanos y del sentido común. La llegada de los héroes era inminente.

     Aparecieron vestidos de vikingos, con un espectacular comienzo de concierto, con su consagrado éxito Tío Chulo, toda una exquisitez. Luego, El Sevilla, líder de la banda, nos preguntó a los concurrentes "¿Teneiii prizaaa?". Todos contestamos con un coordinado "¡Nooo!" que acabó siendo nuestra perdición. No tenemos prisa fue el tema que siguió, obvio. Fueron varias las muestras del buen rock de los Mojinos, pero al llegar al tema ¿Me has dicho borracho?, entraron en una dinámica al principio divertida que se alargó hasta el empacho. El Sevilla comenzó a cortar los temas para incluir números de humor basados en el jaleo al público y los chistes repetidos hasta la saciedad, llegando a dejar a un lado la música. Rompió el ritmo de lo que podía haber sido un concierto magnífico con una combinación inteligente. Lo peor es que el público le hacía la corte, de forma que los endiosados Mojinos no arrancaban ni a tiros. Cuando volvieron al guitarreo ya estábamos totalmente fuera.

     Entretanto, El Hombre de Rota hacía sus lances con una periodista que se hallaba entre el público. La cosa no cuajó del todo tampoco en este plano. Nuestro querido amigo es un hombre de acero que sabe cómo mantener las distancias con el sexo opuesto. Creo que aún le quedó alguna secuela de cuando estuvo abducido por aquella secta tenebrosa. En fin, aún dispongo de su número de teléfono y de su correo electrónico por si las chicas del Google Earth quieren conocer a un fuera de serie algo desmotivado pero con unos valores excepcionales.

     Si duda alguna, lo mejor de la noche se desarrolló en la cerveza de después, que tomamos en La Comedia, local que es ya toda una institución de lo macarra en nuestra querida ciudad. Risas cotidianas y dorado alcohol que nos dejó listos, al punto de elegir el pie como medio de vuelta al cubil. Era mejor evitar los riesgos de una pérdida de puntos en el carné de El Hombre de Rota.

     La noche no dio de sí todo lo que se esperaba; ni siquiera los miembros del grupo bajaron a firmar discos, como, según cuenta El Sexto Mojino, experto en la materia, suelen hacer en todos sus conciertos. El éxito puede llegar a cegar a quienes toca y a alejarlos de los mortales de a pie. Como resultado, el crecimiento vertiginoso de la prisa que en principio no parecíamos tener.

Saludos errantes.

UNA TARDE EN EL FALLA (Omar Faruk Tekbilek)

UNA TARDE EN EL FALLA   (Omar  Faruk Tekbilek)

     No vayas a pensar que El Andaluz Errante es sólo un amante de la jarana sin control. Tienes razón en que hasta ahora la mayoría de las crónicas incluyen alusiones a términos como juerga, fiesta, cerveza, vino y similares. No lo niego: el espíritu festivalero invade a quien te escribe en numerosas ocasiones, pero esta es una más de mis múltiples facetas. También El Andaluz Errante es un ferviente admirador de la cultura en todas sus manifestaciones. No por otra razón se creó la sección Crónicas de Arte, quizá el menos frecuentado hasta ahora de los temas de este humilde blog, pero no por ello menos importante. De hecho, su presencia va mucho más allá del mero valor testimonial.

     Como ejemplo de ello, hoy traigo a tu vista el relato exquisito de cómo, junto a la archiconocida Argentina Aflamencada tuve el honor de disfrutar de un espectáculo sublime. Hablo ni más ni menos que del concierto que, junto a su fenomenal banda, brindó el cantante y músico sufí Omar Faruk Tekbilek, turco de nacimiento y ciudadano del mundo de condición.

     Iba un buen día (todo lo bueno que puede ser un día laboral) caminando hacia el trabajo cuando me encontré por sorpresa con un cartel aferrado a su pared como si de una lapa se tratase -no hubo forma de despegarlo para llevarlo a casa. ¡El gran Omar Faruk actuaba en Cádiz el día 10 de junio, en un enclave ideal como no podía ser otro que el Gran Teatro Falla! Cuna carnavalera de mis sesiones de cine universitario y teatro barroco durante mi etapa de estudiante, era genial tener una oportunidad como aquella para disfrutar  nuevamente de las butacas del Falla, y más con un espectáculo como aquél.

     Tras convencer a la benévola Argentina Aflamencada para que me acompañase con una sesión de horas de escucha de la música del turco (derrota por abatimiento, se llama la técnica) me apresuré en llamar para reservar dos entradas. La amable telefonista me advirtió de que solo quedaban asientos libres en el paraíso -el gallinero, para los mundanos- del teatro, sin numerar.

     Significaba aquello que no sólo tendríamos ocasión de ver un espectáculo por todo lo alto, sino también desde todo lo alto, con el enriquecimiento que da la observación y el análisis del comportamiento social en este tipo de circunstancias.

      No fue difícil conseguir un fin de semana más que el bueno de mi viejo nos dejara el coche. Con La Argentina Aflamencada al volante nos plantamos en la Tacita de Plata (la urbe gaditana, para quien no controle la bahía) dos horas antes del espectáculo; no en vano su apellido en el Google Earth es Fittipaldi. Recogimos las entradas en el Falla, delicioso edificio. La taquilla lucía el cartel Localidades agotadas para el espectáculo de hoy. Impresionante. Tras tomar café y hacer acopio de literatura en el rastro de la plaza del Mentidero  (conseguí toda una joya, el libro Un vago, dos vagos, tres vagos, de El Gran Wyoming, indiscutible genio de nuestro tiempo), volvimos a la puerta del teatro a hacer la cola correspondiente a los titulares de entradas sin numerar. Toda una especie en sí misma ésta última, no te creas.

     Ocho de la tarde. La Argentina Aflamencada y El Andaluz Errante ocupaban los puestos catorce y quince de la fila, situación muy favorable si tenemos en cuenta que quince minutos después la jauría humana se perdía de vista tras la esquina del local. Tras de mí un par de amigas mantenían una larga conversación acerca de meditación trascendental, luchando por cuál de ellas soltaba la verdad más categórica y reveladora. Nunca escuché en mi vida mayor brocheta de tópicos sobre la felicidad, la paz interior y el hare hare.Es lo que propicia esta clase de recitales, aunque al menos son tranquilos en cuanto a que no se acerca por ellos ningún fascistoide ni cani alguno. Ocho treinta. Una señora con una niña de la mano se acerca al grupo de intelectuales que teníamos justo delante. Saludos efusivos, conversación inicial y un terrorífico "Esperad, que voy a avisar a Fulanita, que está atrás en la cola" que salió de los labios de la señora. Sin disimulos, ¿para qué?. Ocho y treinta y dos. Fulanita resultó ser toda una congregación paralela de culturetas que se sumaron al grupo primigéneo. Mi mujer y yo pasabamos a los puestos veintiocho y veintinueve como por arte de magia. La caída de Valentino Rossi en el Gran Premio de Jerez de Motociclismo no fue peor que aquello en cuanto a pérdida de posiciones.  Ocho y cuarenta y cinco. La Argentina Aflamencada comenzaba a preguntarse interiormente qué hacía allí en lugar de estar viendo el partido Argentina-Costa de Marfil en cualquier bar del paseo marítimo.

     Al poco tiempo se abrieron las puertas del teatro. Comprobamos que la cultura no está reñida con el deporte. La estampida de intelectuales corriendo por las escaleras de los dos pisos que nos separaban del Paraíso fue apoteósica. Todos en la civilizada lucha por un sitio decente en las gradas. Yo corría como podía para estar a la altura de las circunstancias y subir mi nivel cultural tan rápido como podía. Mi mujer hacía esfuerzos sobrehumanos por seguirme. Ahora se convencía de que definitivamente hubiera sido mucho mejor optar por el deporte rey. 

     Exhalando lo poco que nos quedaba de aliento, logramos un par de lugares (duros asientos de madera rígida como piedra) en la primera fila del gallinero, justo detrás del palo, quiero decir, de la barandilla. La carrera mereció la pena. Rodeados de gente con prismáticos (individuos especializados en la materia teatral), sentimos los tres timbres de aviso. Las luces fueron bajando. El murmullo constante se apagaba al mismo tiempo. En el escenario, salpicado de bendires (panderos árabes), darboukas, laúdes, un qanun (especie de salterio) y flautas varias (del tipo kaval turco y nai marroquí) que se combinaban de manera extraña con teclados y una guitarra acústica. Todo a punto. Poco a poco, los músicos entraban silenciosamente a escena. Mientras se colocaban en sus asientos, dispuestos en semicírculo, aparecía el gran Omar. El aplauso fue demoledor.

     Durante el primer tema, nos dejó a todos boquiabiertos. Suenan teclados, laud y luego flauta, de los labios del maestro. Tras soltar el viento, hizo gala de su impresionante dominio de registros vocales en un estremecedor canto sufí. Subía a los agudos más altos y luego se adentraba en graves cavernosos, con un sentimiento tal en lo que hacía que directamente tocaba el alma. La carne de gallina en todo el patio de butacas, palcos, plateas y por supuesto en el gallinero, que ahora se convertía de nuevo en paraíso.

     Después de una apertura de tamaño nivel, siguieron numerosas muestras de mestizaje musical como sólo podía darse entre los artistas turcos, italianos, griegos, armenios y yankis que ocupaban las tablas. Del trance a la melancolía, y de ahí a la alegría y el ritmo. Cerrando con una fiesta en dos bises en la que las espontáneas de las escuelas de danza del vientre hacían sus pinitos frente a los músicos. Algunos de ellos se miraban con picardía como repartiéndose el botín. Todos se lucieron con impresionates solos.

     Casi dos horas de recital en las que el sublime calor no  fue impedimento  para el deleite;los sentimientos se movían por dentro como corrientes eléctricas. Fue resultado de la música en directo con todas sus consecuencias: viva, inventándose a cada momento a sí misma, plagada de improvisación y de frescura sostenidas por modos ancestrales.

     Pude traerte un par de fotos del evento. En la primera de ellas puedes ver cómo El Andaluz Errante hace gala de prestancia y su saber estar en un espectáculo de semejante altura. Importante la rectitud de espalda, la seriedad del semblante y, fundamental, la mano sosteniendo la barbilla con aire trascendente. Para que luego digas que sólo soy un juerguista. En la principal, Omar Faruk rodeado de su banda en uno de los momentos clave del espectáculo.

     La segunda tuvo sus riesgos; el reportero no profesional se expone en más de una ocasión por el placer de informar a sus visitantes. Mientras la estaba sacando con la cámara digital de mi mujer, el tipo que estaba a mi lado me espetó con tono intransigente: "Si no puedes sacarle el sonido a la cámara no saques más fotos". Amigo de sus amigos, sin duda. El Andaluz Errante, ser razonable después de todo, evitó altercados limitándose a apagar el artefacto y tragándose un par de frases célebres en pro del recital. Pero no quedó sin venganza el agravio. Al cabo el tipo seco se ponía a seguir el ritmo sobre la barandilla, oportunidad que no desperdicié para indicarle: "Perdona, ¿te importaría no dar golpecitos, por favor?" . Saboreé el momento vuelto hacia el espectáculo, mientras podía sentir como el tipo me miraba fijamente con cara de lunes después de hacer la declaración de la renta y que salga positiva. No importaba, mis sentidos estaban en otra parte, allá abajo, y mi mente evadida en los cálidos oasis de la música.

     Tras aquellas dos horas, salí de allí con el trasero como un bendir (pandero árabe), pero con el espíritu satisfecho. Nunca podré agradecer más a La Argentina Aflamencada que supiera perderse un partido de fútbol como en aquella ocasión. Te quiero, chula.

Saludos Errantes.

Más sobre Omar Faruk Tekbilek

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Biografía

Otra biografía

Entrevista

ASÍ FUE Y ASÍ SE LO HEMOS CONTADO

ASÍ FUE Y ASÍ SE LO HEMOS CONTADO

     Si bien en estos días te he tenido en abandono, visitante de Doblando el Mapa, conste que no he dejado de recopilar material digno de publicar en el humilde blog al que acudes.

     El pasado sábado, 20 de Mayo, mientras en otros lugares del Google Earth ocurrían otras cosas, el Andaluz Errante y su señora, la eminente Argentina Aflamencada tuvieron ocasión de presenciar un espectáculo totalmente fuera de lo común.

     El evento tuvo lugar en Sevilla, en el Patio de Armas del Alcázar, enclave singular, a pesar de que la carpa que nos rodeaba nos impedía disfrutar del paisaje en el que se desarrollaban lo hechos. Sobre las ocho y media de la tarde, tras disfrutar de la gastronomía alternativa de algún bar del centro y dar fe del poderoso calor que reina en la ciudad (¿dónde quedó el microclima de la Expo'92?), la Feria del Libro nos regalaba con la actuación de Vivo del Cuento, el proyecto de cuentacuentos de Alberto, el Ladrón de Cuentos, narrador singular donde los haya.

     En esta ocasión Alberto se hacía acompañar por Elena, Mariano y Javi, que ponían música a los tres cuentos de los que se componía la sesión. Estas fieras dieron fe de su dominio del flamenco y del humor musical.

    Dos cuentos árabes y uno sobre el pueblo gitano que Alberto movió por todo el espacio donde podía alcanzar la vista del público, sin dejar de hacer partícipes a los espectadores y mostrando en todo momento sus dotes de improvisación y por qué no decirlo, poca vergüenza, en el buen sentido del término.

     A pesar de que el espectáculo estaba anunciado para adultos, los artistas supieron adaptarse a la inesperada presencia de niños que acudían de la mano de algunos padres despistados. No se pudo evitar, sin embargo, que algunos de los asistentes abandonaran el improvisado patio de butacas, quizá ofendidos por las moderadas alusiones a temas polémicos. Los que nos quedamos hasta el final pudimos presenciar cómo músicos y narrador interactuaban para dar vida a uno de los más originales potajes de cuentos que se pueden disfrutar.

     Y, por supuesto, los que nos quedamos hasta el final del todo, pudimos disfrutar de la juerga sevillana de la mano de estos vividores del cuento, a los que estoy deseando volver a ver, sean cuales sean las circunstancias.

     Desde las crónicas del Andaluz Errante quiero enviar un efusivo saludo a estos artistas que siempre ponen su vida en ello porque si no, no podrían vivir, y les deseo toda la suerte, vayan donde vayan. Os quiero.

     Y a tí, que visitas este humilde blog, te deseo que algún día te los encuentres en algún bar, salón de actos o plaza, dando rienda suelta a su locura.

Saludos errantes.