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CRÓNICAS DEL CHEF ERRANTE: RECETAS DE VIDA

CRÓNICAS DEL CHEF ERRANTE: RECETAS DE VIDA

     A las buenas. A las duras. A las maduras. Hay que estar a todas (sobre todo a las que se dejan). Es por ello que no puedo faltar a esta, mi primera cita contigo, que visitas al Chef Errante y amas la buena mesa y el buen yantar.

     Hoy te traigo una receta espectacular, con ingredientes seleccionados entre los mejores que encontré en mi particular despensa . ¿Hay apetito?, pues prepárate algo de comer, porque las recetas del Chef Errante, si bien no llenan el estómago, sirven para hacerte mejor persona. Así es, pues son recetas de vida, especialmente útiles si te interesa el mundo de la cocina profesional y quieres adentrarte en sus misterios. Aunque si ya eres del gremio, igual te servirán para mejorar tu grado de experiencia. Una vez tengas listo tu aperitivo, siéntate a devorarlo placenteramente y lee, que es bueno contra el Alzheimer.

Receta del día:

Cómo no entrar en una cocina.

     Uno de los primeros pasos que has de seguir si quieres pasar a formar parte de la gran familia de una cocina profesional es, como en cualquier ámbito laboral, la protocolaria y selectiva entrevista de trabajo. Puedo aportar varias formas de preparar esta receta, de cómo hacer frente a esta primera barrera que uno puede saltar con relativa facilidad. Para no resultar cansino, hoy explicaré una variante nuy sencilla: tan sólo hay que ser cauteloso y NO repetir bajo ningún concepto los pasos que se siguen en el siguiente ejemplo práctico.

     La primera cocina de la que quise formar parte era la de un estupendo restaurante de moda que podemos encontrar en Sevilla, marco incomparable de la Expo'92 y la boda de la Infanta, a la que Dios tenga en su perdón. Acababa de llegar a la ciudad para quedarme, con unas diez mil pesetas de las de entonces que no me daban ni para pagar el alquiler de mi habitación. Me urgía un trabajo como el comer, estaba claro. Pero pongamos las cosas en su lugar: lo primero que hay que hacer cuando uno llega a un sitio es celebrar que llegó, y saludar al personal. De esta forma, la concatenación de hechos me sorprendió tomando una cerveza en la calle Trajano, con mis amigos sevillanos y no sevillanos residentes en Sevilla.

     Nos deleitábamos con las traviesas patatas bravas y las elegantes patatas al roquefort del chic restaurante  Emperador Trajano , complemento ideal para nuestros refrigerios  de cebada, mientras la conversación alcanzaba la ebullición con el tópico "situaciones personales". Llegado mi turno  manifesté mi imperiosa necesidad de doblar la espalda, a lo que las voces solidarias acudieron como moscas a un pastel. La más sensata y mejor informada de esas voces me puso en conocimiento de que hacían falta camareros en aquel local. Tan pronto llegaba el mozo con las bebidas que faltaban, pregunté cortésmente. La respuesta fue como si tras ponerme la miel en los labios se llevaran el frasco: las plazas estaban cubiertas. "Sigue buscando", que dice en las tapas de los yogurts.

     Sin embargo, pocos minutos después el destino me mostraba de nuevo la manzana de la tentación. Aparece el mismo camarero:"Disculpa, he preguntado en cocina y hace falta un cocinero. ¿Tú tienes experiencia en cocina?".  Había que hincar el diente a aquella oportunidad servida en bandeja . Y al parecer todos mis amigos lo sabían, porque el "siiiií" de respuesta fue unánime. Para ponerle la guinda a la tarta añadí: "Trabajé en el restaurante de un hotel en Castellón", con una graaan sonrisa. De hecho, aquel colofón era totalmente cierto; durante un par de meses mi vida había transcurrido en torno al Gran Hotel La Fuente, en Alcossebre, Castellón. Sólo que, detalle sin importancia, como camarero,    y no había pisado la cocina para otra cosa que no fuera llevar los platos o robar algún bollo. 

     La cuestión es que el chico me pidió que bajara con él a la cocina, donde el jefe de aquel laboratorio gastronómico, mandil y pantalón de cuadros en ristre, me citó para el día siguiente a las doce del mediodía.

     Tras el poco sueño, pensando en cómo pelaría aquella cebolla sin llorar, allí me presenté puntual luciendo mi mejor cara de pocker. La cocina era pequeña como para una sola persona, y en ella se acumulaban desordenadamente ollas, sartenes, bolsas enormes de patatas cortadas, lechugas y cuchillos por doquier. El boss, de cuyo nombre no quiero acordarme, era un tipo bajito (más que yo), de complexión fuerte (no sé de dónde sacaba el tiempo libre, pero parecía que rendía culto al cuerpo en el gimnasio), calvo y con una tupida barba negra como el hollín. Parecía que no le había caído bien del todo, pues no sonreía ni por despiste. ¿Acaso no habría salteado bien la ronda de preguntas que me tenía preparada como entrante?

     Puede que los nervios se reflejaran en mi rostro mientras contaba todo lo que hacía en la cocina de aquel hotel. Trataba no dejar por el camino ninguna de las tareas que había visto hacer a los más inútiles de Las Fuentes, pues tampoco quería parecer un chef experimentado. Eso sería ya difícil de digerir.

     En fin, tras aquella conversación rompedora de hielo el minichef pasó a enseñarme dónde estaban las cosas, alternando con breves indicaciones de los platos que se servían allí. Yo asentía de la forma más convincente que supe, y de vez en cuando hacía alguna pregunta estúpida del tipo "Ah, pero... ¿aquí pochais las patatas antes de freirlas?". No sé si fue a raiz de aquello, pero el minichef no paraba de repetirme que necesitaban un cocinero experimentado que fuera capaz de quedarse solo durante todo un turno.

     Esquivé aquellas indirectas como si tuviera escamas en vez de piel, pero llegó como detalle de la casa, es decir, por sorpresa, la primera pregunta técnica. Supongo que el minichef nunca había oído una receta tan original para la salsa bechamel. Pero cuando fui consciente del calor que llega a hacer en una cocina fue cuando me dió el cuchillo y media lechuga, pidiéndome que la cortara en juliana. "¿La juliana no era una sopa de sobre?" pensé en aquel momento. Seguro que aquella idea se me escapó en uno de los goterones de sudor y el minichef la vio, de lo contrartio no me habría apremiado con la mirada. Además, creo que mi juliana fantasía no terminó de convencerle.

     De hecho, como quien no quiere la cosa me hizo una sutil pregunta: "Oye, ¿tú entiendes?".  "¿De cocina?",  respondí ingenuamente. "No, verás, es que todo el personal aquí es gay." En esto, como para ratificar su afirmación, aparece otro camarero y me agarra el culo. "Ah, bueno, no, pero no tengo problema con eso. Tengo muchos amigos gay." Me aferraba a mi puesto de trabajo como el arroz se pega al fondo de una olla vieja. Ni la espátula más grande de la cocina podía sacarme de allí.

     De últimas, paciente y sereno, el minichef me pidió el teléfono y me dijo que podía marcharme, que la prueba había terminado y que ya me llamaría.

     Saboreé aquel amargo bocado lo mejor que pude y salí cabizbajo de aquel antro al que después no he vuelto ni para comprar tabaco. No entré con buen pie en el mundo culinario, a pesar de mi maestría para freir huevos y preparar macarrones con tomate y atún de lata. En fin, una vez más se ponía de manifiesto la incomprensión del arte, ¿qué le vamos a hacer?.

     Pues ya sabes, si tomas a bien estos consejos, seguro que terminas siendo una eminencia en la cocina. ¡Nos vemos la semana que viene!

Buen provecho.

5 comentarios

Chef Errante -

Bueno, a ver si todavia via tené guardado el cuchillo de cortar lechuga, cuidaíto.

Memolamipelo -

Cuando te magrearon el culo y no le echastecohoné en tan apoteósica despedida: ¿ de q parte exactamente saboreaste aquel amargo bocado q ahora viene a tu memoria ?

Chef Errante -

Bueno, bueno, tampoco hay que pasarse. Yo quería el trabajo; tampoco era plan de cargarse al personal.

Patrick -

BUENIJIMO !!
pero, te magrearon el culo, tú con un cuchillo en la mano y no hiciste nada??
aaaaii que te viii colibrii
XD

Sagres -

TIO!!! Me duele la barriga d reirme!! q arte,

La semana q viene mas!! Y no obvies ningun detalle!!!! xD