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Doblando el Mapa

UN HECHO PREOCUPANTE

   Sé que te estoy acostumbrando, visitante de Doblando el Mapa, a encontrarte temas curiosos, interesantes, amenos, e incluso puede que algo divertidos cuando te dejas caer por este humilde blog. Así que te advierto que si no vienes con el cuerpo suficientemente hecho a noticias de otra índole, es preferible que -sin ánimo de ofender- vuelvas por donde viniste (pinchando "atrás" en tu navegador) y me visites en otra ocasión. Sin embargo, si te mueve el espíritu solidario de tu interior, entonces quédate. Y es que hoy me veo forzado a tratar un asunto muy serio.

     Me enteré hace poco de lo ocurrido; nadie sabía nada y afirmo con toda certeza que jamás nadie podría haberlo sospechado. El afectado, al que, para no herir susceptibilidades, llamaremos de forma aleatoria El Hombre de Rota, parecía un tipo de lo más normal. Algo introvertido, quizá, cuando empiezas a conocerlo aunque cuando entras en confianza con él resulta que era de lo más sociable y simpático. Existen elaborados estudios que apuntan a que eso es lo que suelen decir los vecinos y allegados acerca de los asesinos de masas en los programas de sucesos de la televisión.

     Ahora que me paro a pensarlo, encadenando todos los cabos sueltos, no me resulta tan extraño. Todas las piezas encajan como partes de un maquiavélico puzzle que hubiera estado diseñado por una mente brillante, digna del premio Nobel, pero encolerizada porque no se lo hubieran concedido.

     Conocí al Hombre de Rota un buen día de febrero del año en curso, precisamente en un curso de selección para trabajar de teleoperadores de una famosa empresa de telecomunicaciones. Como decía anteriormente, un chaval de entrada algo difícil, acaso por su talante serio y su aspecto de profesor de filosofía en secundaria, pero gracias a mi carácter jocoso y jovial, pronto descubrí que era perfectamente normal. Su conversación, interesante; su humor, elegantemente sarcástico. Amante del rock'n'roll, el cine, la cerveza y las féminas voluptuosas, como todo buen hijo de vecino.

     El caso es que ambos fuimos seleccionados para el trabajo en cuestión y día a día iba teniendo la oportunidad de conocer algunos detalles un poco curiosos, ¿cómo decirlo...?. ¡Chocantes! El Hombre de Rota  tomaba un café cortado, valga como seña este hecho, mientras el resto de compañeros y compañeras compartíamos el almuerzo apuradamente en apenas veinticinco minutos. Tras un par de sencillas indagaciones pude enterarme de que sólo comía una vez al día,  a la hora de la cena, y siempre dando un voto de confianza a las fuentes de las que lo supe, pues en realidad pocas veces lo vi deglutir nada. De hecho, lo más cercano que oí fue que un día los compañeros lo habían visto comerse un donut en uno de los descansos cortos, pero nada más.

     Otra extraña costumbre del sujeto en cuestión es aparecer siempre como "ausente" en el Messenger esté o no esté, lo que me hace pensar que podría estar escondiéndose de algo, o alguien. ¿No resulta realmente sospechoso?

     Pequeños granos de arena en principio sin importancia pueden llegar a acumularse hasta formar una gran montaña que interrumpa seriamente el camino. Si El Hombre de Rota  dice dormir mejor en el sofá que le prestamos La Argentina Aflamencada y un servidor que en su propia cama, muestra un carácter admirablemente austero. Sin embargo, cuando a mi mujer y a mí se nos ocurre ponerlo en contacto con dos amigas nuestras, soltero él de condición, para que se realice en todos los campos posibles de la vida, y no es capaz de decidirse por una de ellas, la austeridad pasa de ser admirable a despertar la suspicacia del más distraído de los mortales.

     De hecho, opino que mantener su estatus de soltero de oro codiciado por las jóvenes casaderas de la empresa no justificaba el último acontecimiento, por lo que a partir de este hecho El Andaluz Errante, sagaz detective de la talla de Hércules Poirot, Remington Steel o el mismísimo Sherlock Holmes comenzó sus arduas investigaciones.

     Las revelaciones a las que accedí a raíz de mis indagaciones son tan alarmantes que no me dejan alternativa a la hora de darles luz ante el público, ya que dejan a los misterios de "El código Davinci" a la altura de los tebeos de Tintín.

     A comienzos de este año, El Hombre de Rota entraba a formar parte de una orden secreta y macabra: la terrible Iglesia de la Segunda Venida de Nuestro Salvador Jesucristo. De todos es sabido que esta peligrosa secta señala la fecha de mañana, 6 del 6 del '06, como día del Apocalipsis y viven preparando un complejo ritual a través del cual pretenden ser salvados de las garras de la Bestia que ascenderá del averno. El peligro de absorción de esta institución es evidente: sus miembros no apoyarán al equipo patrio en el Mundial de Alemania, que para ellos no tendrá lugar (aunque otros no lo hagamos por otras convicciones afutbólicas y apátridas) ni esperan ver lucir a Fernando Alonso su segundo título de Campeón del Mundo de Fórmula 1, pues para ellos el mundo en sí se va al garete mañana. Lo terrible es que, poseedores de esta creencia, en lugar de dedicarse a fornicar como bestias, emplean sus últimos días en forzados ayunos, oración y abstinencia en espera del advenimiento del Mesías.

     Hace poco, nuestro afable Hombre de Rota fue expulsado de su lugar de trabajo, aparentemente por causas harto injustas; sólo yo sé que realmente fue él quien provocó el despido improcedente con el fin  disponer de tiempo y entregarse cien por cien a sus últimas oraciones.

     Como ves, se trata de un hecho preocupante hasta la saciedad, pues un tipo afable y cordial ha sido fatalmente abducido por esta orden de fanáticos que jamás lo llevarán a nada bueno. Por ello éste es un artículo de urgente importancia, pues desde él te pido atí que tienes consciencia, un poco de solidaridad con este pobre ser humano. Tenemos que sacarlo de ahí como sea, y el tiempo juega en nuestra contra.

     Empresarios del Google Earth, El Hombre de Rota es un individuo trabajador y responsable. Por favor, contrátenlo para desviar su mente de sus obsesiones fatalistas. Chicas del Google Earth, se trata de un hombre apuesto y sin compromiso al que le acaban de conceder un ático con una terraza de 50 metros cuadrados y vistas al mar de su Rota cuasi natal. Si alguien está interesado en sus servicios, dispongo de su número de teléfono y su correo electrónico para que puedas entrar en contacto con él. Piensa que estarás ayudando a un semejante y que en algún momento tú podrías necesitar su ayuda, para lo cual, El Hombre de Rota siempre supo responder adecuadamente.

     Es época de estar unidos para la acción, es tiempo de ayuda mutua, es momento de olvidar nuestro ombligo y mirar por lo que los demás necesitan. ¡Salvemos al Hombre de Rota!   

 Saludos errantes.

                                          

     El Hombre de Rota en pleno ritual de bautismo de fuego de la Iglesia de la Segunda Venida de Nuestro Salvador Jesucristo. Necesita nuestra más urgente ayuda.

ADOBANDO QUE ES GERUNDIO

ADOBANDO QUE ES GERUNDIO

Compadre dígame usté

si desde Cai a Sevilla

hay que pasá por Jeré

(Lole y Manué)    

 La gran familia de blogs hermanos crece poco a poco. En estos momentos nos está naciendo en la red un nuevo vástago dispuesto a sazonar aquellos momentos de vacío existencial que no sabemos bien cómo emplear.

    Oriundo de Cádiz, Adobo, nuestro nuevo fráter internauta, nos trae desde Sevilla -o desde donde le pille- sus armas cargadas de futuro, esto es, sus palabras. Las más punzantes. Las más sinceras. Las más extrovertidas. Las más interiores. Sin más.

     Aún no podemos ver mucho si visitamos Adobando, el sitio que albergará en un futuro no muy lejano los pensamientos de este artista polifacético de nuestro tiempo. Pero te aconsejo, a tí que visitas al Andaluz Errante de nuevo (gracias por repetir), que eches un ojo de vez en cuando a este incipiente blog, pues el muchacho, sin duda alguna, tiene mucho potencial.

     De momento, puedes ir observando lo que parece que será su sello de distinción: esa penetrante mirada de gato que se fija, probablemente, en el suculento cazoncito adobado que ve venir desde la esquina.

     Ya lo has visto en las líneas de Doblando el Mapa afilando sus dedos contra las percusiones con el grupo de cuentacuentos Vivo del Cuento y con toda certeza volverás a verlo aparecer de nuevo por las Crónicas del Andaluz Errante; ahora puedes visitarlo en persona y comentar sus propios delirios.

     En fin, ¿qué más te puedo decir?. Date una vuelta por www.adobando.blogia.com y vuelve luego por aquí, si quieres, a contar qué tal te fue.

Saludos errantes, o  como dicen en Cai,

Saludos malandrines.

 

      

    

CRÓNICAS DEL CHEF ERRANTE: RECETAS DE VIDA

CRÓNICAS DEL CHEF ERRANTE: RECETAS DE VIDA

     A las buenas. A las duras. A las maduras. Hay que estar a todas (sobre todo a las que se dejan). Es por ello que no puedo faltar a esta, mi primera cita contigo, que visitas al Chef Errante y amas la buena mesa y el buen yantar.

     Hoy te traigo una receta espectacular, con ingredientes seleccionados entre los mejores que encontré en mi particular despensa . ¿Hay apetito?, pues prepárate algo de comer, porque las recetas del Chef Errante, si bien no llenan el estómago, sirven para hacerte mejor persona. Así es, pues son recetas de vida, especialmente útiles si te interesa el mundo de la cocina profesional y quieres adentrarte en sus misterios. Aunque si ya eres del gremio, igual te servirán para mejorar tu grado de experiencia. Una vez tengas listo tu aperitivo, siéntate a devorarlo placenteramente y lee, que es bueno contra el Alzheimer.

Receta del día:

Cómo no entrar en una cocina.

     Uno de los primeros pasos que has de seguir si quieres pasar a formar parte de la gran familia de una cocina profesional es, como en cualquier ámbito laboral, la protocolaria y selectiva entrevista de trabajo. Puedo aportar varias formas de preparar esta receta, de cómo hacer frente a esta primera barrera que uno puede saltar con relativa facilidad. Para no resultar cansino, hoy explicaré una variante nuy sencilla: tan sólo hay que ser cauteloso y NO repetir bajo ningún concepto los pasos que se siguen en el siguiente ejemplo práctico.

     La primera cocina de la que quise formar parte era la de un estupendo restaurante de moda que podemos encontrar en Sevilla, marco incomparable de la Expo'92 y la boda de la Infanta, a la que Dios tenga en su perdón. Acababa de llegar a la ciudad para quedarme, con unas diez mil pesetas de las de entonces que no me daban ni para pagar el alquiler de mi habitación. Me urgía un trabajo como el comer, estaba claro. Pero pongamos las cosas en su lugar: lo primero que hay que hacer cuando uno llega a un sitio es celebrar que llegó, y saludar al personal. De esta forma, la concatenación de hechos me sorprendió tomando una cerveza en la calle Trajano, con mis amigos sevillanos y no sevillanos residentes en Sevilla.

     Nos deleitábamos con las traviesas patatas bravas y las elegantes patatas al roquefort del chic restaurante  Emperador Trajano , complemento ideal para nuestros refrigerios  de cebada, mientras la conversación alcanzaba la ebullición con el tópico "situaciones personales". Llegado mi turno  manifesté mi imperiosa necesidad de doblar la espalda, a lo que las voces solidarias acudieron como moscas a un pastel. La más sensata y mejor informada de esas voces me puso en conocimiento de que hacían falta camareros en aquel local. Tan pronto llegaba el mozo con las bebidas que faltaban, pregunté cortésmente. La respuesta fue como si tras ponerme la miel en los labios se llevaran el frasco: las plazas estaban cubiertas. "Sigue buscando", que dice en las tapas de los yogurts.

     Sin embargo, pocos minutos después el destino me mostraba de nuevo la manzana de la tentación. Aparece el mismo camarero:"Disculpa, he preguntado en cocina y hace falta un cocinero. ¿Tú tienes experiencia en cocina?".  Había que hincar el diente a aquella oportunidad servida en bandeja . Y al parecer todos mis amigos lo sabían, porque el "siiiií" de respuesta fue unánime. Para ponerle la guinda a la tarta añadí: "Trabajé en el restaurante de un hotel en Castellón", con una graaan sonrisa. De hecho, aquel colofón era totalmente cierto; durante un par de meses mi vida había transcurrido en torno al Gran Hotel La Fuente, en Alcossebre, Castellón. Sólo que, detalle sin importancia, como camarero,    y no había pisado la cocina para otra cosa que no fuera llevar los platos o robar algún bollo. 

     La cuestión es que el chico me pidió que bajara con él a la cocina, donde el jefe de aquel laboratorio gastronómico, mandil y pantalón de cuadros en ristre, me citó para el día siguiente a las doce del mediodía.

     Tras el poco sueño, pensando en cómo pelaría aquella cebolla sin llorar, allí me presenté puntual luciendo mi mejor cara de pocker. La cocina era pequeña como para una sola persona, y en ella se acumulaban desordenadamente ollas, sartenes, bolsas enormes de patatas cortadas, lechugas y cuchillos por doquier. El boss, de cuyo nombre no quiero acordarme, era un tipo bajito (más que yo), de complexión fuerte (no sé de dónde sacaba el tiempo libre, pero parecía que rendía culto al cuerpo en el gimnasio), calvo y con una tupida barba negra como el hollín. Parecía que no le había caído bien del todo, pues no sonreía ni por despiste. ¿Acaso no habría salteado bien la ronda de preguntas que me tenía preparada como entrante?

     Puede que los nervios se reflejaran en mi rostro mientras contaba todo lo que hacía en la cocina de aquel hotel. Trataba no dejar por el camino ninguna de las tareas que había visto hacer a los más inútiles de Las Fuentes, pues tampoco quería parecer un chef experimentado. Eso sería ya difícil de digerir.

     En fin, tras aquella conversación rompedora de hielo el minichef pasó a enseñarme dónde estaban las cosas, alternando con breves indicaciones de los platos que se servían allí. Yo asentía de la forma más convincente que supe, y de vez en cuando hacía alguna pregunta estúpida del tipo "Ah, pero... ¿aquí pochais las patatas antes de freirlas?". No sé si fue a raiz de aquello, pero el minichef no paraba de repetirme que necesitaban un cocinero experimentado que fuera capaz de quedarse solo durante todo un turno.

     Esquivé aquellas indirectas como si tuviera escamas en vez de piel, pero llegó como detalle de la casa, es decir, por sorpresa, la primera pregunta técnica. Supongo que el minichef nunca había oído una receta tan original para la salsa bechamel. Pero cuando fui consciente del calor que llega a hacer en una cocina fue cuando me dió el cuchillo y media lechuga, pidiéndome que la cortara en juliana. "¿La juliana no era una sopa de sobre?" pensé en aquel momento. Seguro que aquella idea se me escapó en uno de los goterones de sudor y el minichef la vio, de lo contrartio no me habría apremiado con la mirada. Además, creo que mi juliana fantasía no terminó de convencerle.

     De hecho, como quien no quiere la cosa me hizo una sutil pregunta: "Oye, ¿tú entiendes?".  "¿De cocina?",  respondí ingenuamente. "No, verás, es que todo el personal aquí es gay." En esto, como para ratificar su afirmación, aparece otro camarero y me agarra el culo. "Ah, bueno, no, pero no tengo problema con eso. Tengo muchos amigos gay." Me aferraba a mi puesto de trabajo como el arroz se pega al fondo de una olla vieja. Ni la espátula más grande de la cocina podía sacarme de allí.

     De últimas, paciente y sereno, el minichef me pidió el teléfono y me dijo que podía marcharme, que la prueba había terminado y que ya me llamaría.

     Saboreé aquel amargo bocado lo mejor que pude y salí cabizbajo de aquel antro al que después no he vuelto ni para comprar tabaco. No entré con buen pie en el mundo culinario, a pesar de mi maestría para freir huevos y preparar macarrones con tomate y atún de lata. En fin, una vez más se ponía de manifiesto la incomprensión del arte, ¿qué le vamos a hacer?.

     Pues ya sabes, si tomas a bien estos consejos, seguro que terminas siendo una eminencia en la cocina. ¡Nos vemos la semana que viene!

Buen provecho.

LOS DEBERES SIN HACER

LOS DEBERES SIN HACER

     Este fin de semana tenía lugar en el Google Earth un acontecimiento digno de mencionar en las Crónicas de arte. Muchísimos fans pudieron acudir con gran espectación al estreno de X Men III, esperado título cinematográfico en el que se pueden ver a los históricos superhéroes repartiendo mamporros de lo lindo.

     Quien te escribe, como reportero no profesional y aficcionado a los tebeos, tenía previsto acudir al estreno y contártelo para que supieras cómo fue. Así habría sido de no ser por las inductivas (y efectivas) tentaciones que sufrí de sustituir el evento cultural por un acto deportivo: levantamiento de vaso en barra fija. Y es que hay causas de fuerza mayor, como puedes comprobar, para que acuda hoy a las líneas de Doblando el Mapa con los deberes sin hacer.

      La crónica de la fiesta resultante de los cambios de rumbo a los que el destino nos sujeta será publicada en otro momento. Ahora, para que no cunda el pánico, traigo otra historia de superhéroes que nada tiene que envidiar a las que tienen lugar en el cine yanki. Te contaré el origen de la fantástica Patrulla Jerez, supergrupo conocido, querido y respetado por niños y mayores de todo el ámbito urbano donde ya somos 200.000.

      Sucedió hace ya algunos años. Era una oscura noche de verano en la que, para no caer presas del mayor villano que puebla y amenaza las tierras jerezanas, el Aburrimiento, un pandilla de colegas, muchachos normales, acudían a una fiesta que organizaba Nico, el Señor de la Noche, en la casa de campo que sus viejos tenían en las afueras.

     Había como dos coches para llegar al remoto lugar, lo que significaba que unos cuantos teníamos que ir andando (la ostia). Allí estábamos Mariano, Arturo, Er Mayo, Er Torre y quien te escribe (entre alguno más que se me escapa). Caminantes incansables, pusimos rumbo paciente y pausado a las últimas calles de la "ciudad" (todavía no eramos 200.000).

     Entre risas y canciones, nuestros pasos nos llevaron a la última gasolinera, frontera entre la civilización y el medio agreste, y nos vimos forzados a tomar la decisión de recargar combustible. ¿Recuerdas los tiempos en los que la terrible Ley Seca aún no se cernía sobre nuestras cabezas como la sombra del mal? En aquel entonces era posible adquirir cerveza fría (y tabaquito) en estos locales de repostaje, así que calculamos cuántas podíamos tumbar en lo que restaba de trayecto y comenzamos a rascarnos los bolsillos.

     El preciado líquido dorado fue regando nuestras gargantas resecas a medida que acortábamos distancia con la mansión del desparrame (o base de operaciones, si se prefiere). En ese momento todos sentimos algo extraño; poco a poco notábamos cómo nuestros cuerpos de mortales se llenaban de una energía fuera de lo común y el camino dejaba de pesar. Puesto que pronto fue difícil establecer la diferencia entre medio llenas y medio vacías de las birras, lo achacamos al alcohol contenido en ellas. Hoy, sin embargo, sabemos que no fue así.

     Al cabo nos adentramos en la oscuridad más tenebrosa, en la que reinaba el más absoluto silencio, roto tan solo por el  armonioso canto de los grillos. Lo poco que alcanzaba nuestra vista no era más que campo y carretera. Aún así, las risas y los cantos de camino mantenían nuestro jovial ánimo en pie. Y de repente...

     Un grito en la distancia heló nuestros semblantes. "¡¡¡Policíaaa!!!", parecía decir. Luego el silencio de nuevo. Hubiera sido genial que apareciera rodando por allí una bola de heno girando empujada por el viento, como en las películas del oeste. Es un recurso visual que describe perfectamente la tensión del momento. Pero en la vida real, esas cosas no suceden. "¡¡¡Policíaaa!!!", surgió el grito de nuevo, seguido de otra voz que susurraba como si viniera de ultratumba: "¡Sssh! Cállate!".

     Y nosotros allí, petrificados como momias. Lo más intrépido que alguno de los muchachos dijo fue "Illo, illo, ¿q'hacemo?". Entonces surgió una sombra de entre la hierba, corriendo hacia nosotros como posesa y pidiendo ayuda. Según se acercaba vimos que era una mujer escuálida, con el pelo alborotado y las vestiduras justas, que se arrojó sobre nosotros. En su desesperación clavaba sus uñas en la piel de Er Torres y sollozaba no sabemos qué exactamente, antes de salir corriendo de nuevo en dirección a la gasolinera mientras trataba de parar a los coches que pasaban por el camino.

     Acto seguido escuchamos el sonido de una máquina de destrucción que venía del mismo punto que la extraña fémina y también se dirigía a nuestro encuentro. Sin apenas salir de nuestro asombro fuimos sorprendidos por el más malo de todos los supervillanos a este lado del Google Earth, el temible Vengador Gordo de la Moto Campera, al ritmo de su acojonante grito de guerra "¡¡¡La matooo!!!, ¡¡¡yo la matooo!!!".

     El Vengador paró su vehículo frente a nosotros y con cara de amenaza nos preguntaba: "¿Pa dónde z'ha io, que la mato?". No lo dudamos ni por un instante; todos hicimos un corro alrededor de aquel mastodonte enajenado. Entonces descubrimos que, no se sabe por qué, habíamos adquirido el poder de hacernos el tonto. "¿Pa dóde z'ha io quien?", preguntamos. El Vengador estaba a punto de lanzarnos un rayo destructor; lo notamos en que su rostro enrojecía a paso de gigante. "La puta, que m'a cobrao y no ha querío hacerme na. ¡La via matá!". 

     Alguno de los muchachos, de repente, puso de manifiesto un nuevo súperpoder, el de la locuacidad, cuando afirmó con arrojo: "Pero gúeno, ezo tampoco e pa matahla, ¿no?". El Vengador comenzaba a metamorfosearse y el peligro aumentaba. Ahora tenía toda la cara de una bestia procedente de otro planeta, como por ejemplo el planeta de los simios.  "¿Cómo que no?", exclamaba encolerizado, "l'he pagao y z'ha io cin hacerme na, ¡deharme que me la cargo!"

     El tiempo se acababa y no podíamos permitir que aquel hijo del mal fuera en busca de la pobre muchacha sin que ella se hubiera puesto a salvo tras los surtidores. Había que hacer algo. Así que entró en acción otro de nuestros súpercompañeros, haciendo alarde en este caso del poder de la moralidad: "¿Y pa qué te va con una puta?".

     No te puedes imaginar hasta qué punto llega la fuerza del Vengador Gordo de la Moto Campera, que ante tan bravo ataque utilizó el más siniestro de sus poderes del mal: se cagó en los muertos de todos nosotros. A pesar del aturdimiento que sufrimos, hicimos un último esfuerzo para derrotar a aquel diablo con la extraordinaria facultad que habíamos adquirido de repente, la de confundir al contrario: "Mira, que tú no va a matá a nadie. Ademá, no zabemo pa dónde z'ha io". Y El Vengador responde contundentemente: "¡Venga, quitarce der medio que zaco er fuhco y os dejo ceco!" Alguno de nosotros, que ahora poseía la increible habilidad de interesarse por las cosas, preguntaba por lo bajo a otro: "Illo, illo, ¿un fuhco qué e lo que e?".

     Llegados a este punto, teniendo en cuenta los factores de distancia, velocidad de la chica y de que El Vengador contaba con un fusco, arma que evidentemente servía para ofuscar o ensombrecer eternamente al contrario, dejamos que aquel temible bandido se fuera a toda pastilla. Mientras mirábamos cómo se alejaba, no podíamos explicarnos cómo la moto podía sostenerlo sin partirse en dos: realmente era un tipo fuerte y su nombre de guerra no era en vano. No obstante, estábamos tranquilos porque seguro que aquella señorita de vida despreocupada ya habría llegado por lo menos a San Fernando, lugar donde la protegerían las eminentes Fuerzas de Seguridad del Estado.

     Y así continuamos camino de la fiesta, orgullosos del acto de bien que acabábamos de realizar y asombrados aún de las habilidades extraordinarias que aquella cerveza de extraña procedencia nos había otorgado. Desde aquel momento comenzó nuestra eterna y fatigosa lucha contra el mal; había nacido la Patrulla Jerez, más conocidos en nuestro entorno como Los Rescataputas.

Saludos errantes.

    

    

DE SARTENES Y BIGOTES

DE SARTENES Y BIGOTES

     Hace pocos días aparecía en TRIANA CITY, blog de moda ya de sobra conocido por tí, que visitas al Andaluz Errante (encantado de verte), un artículo del prolífico autor Memolamipelo (últimamente de boda en boda) titulado CHEF TONI: UNA HISTORIA DE MISTERIO en el que se hacen diversas conjeturas acerca de la profesión real del ya famoso cocinero mediático que nos ha sorprendido con sus prácticas sartenes de dos caras, cuchillos de corte arrolador y precisión milimétrica, y demás artilugios que es aconsejable comprar porque tienen un precio especial y te regalan un estupendo tirachinas desmontable o un señor bajito que te abre la puerta de la cocina cuando vas cargado de platos al salón (sólo si eres de los cincuenta primeros en llamar).

     El artículo en cuestión me lleva a la reflexión en varias direcciones, no creas que es banal. En primer lugar deja patentes en mí inquietudes de índole trascendental tras su lectura: ¿qué mortal llama realmente a estas líneas de venta?,¿existe alguien al otro lado del teléfono que aparece en pantalla?; de ser así, ¿se puede demostrar que tu llamada no es la número cincuenta y uno?. Y lo más desconcertante: ¿han alcanzado la felicidad los integrantes del espacio televisivo al adquirir el producto en cuestión, como parece ser?.

     Eso por un lado; por otro, ciñendonos al planteamiento sobre las posibles profesiones reales del chef, está claro que para romper la baraja hace falta la opinión de un profesional de la cocina, como lo fue en un tiempo el Andaluz Errante. Pues bien, admito que su habilidad para cortar con los cuchillos mágicos es sorprendente, ya que conserva todos sus dedos después del rodaje del anuncio (sin duda, es mucho si se tiene en cuenta el poder tajante de estas armas blancas que se venden sin licencia). También hay que tener en cuenta sus respetables dimensiones, probablemente adquiridas a fuerza de probar y probar los platos que se elaboran en el corazón de los restaurantes, sacrificio empírico que refleja el amor por el oficio que parece desempeñar. Es sospechoso, sin duda, ese fino bigote que se deja crecer como un sutil indicio de su pretendido origen italiano experto en pastas aldentes y esponjosas pizzas.

     La verdad es que, tras darle un par de vueltas, se me hace difícil llegar a una conclusión clarividente, a pesar de mis más de siete meses de experiencia en cocina. Su preparación puede ser fruto de un entrenamiento intensivo con objetivos meramente cinematográficos. Hoy día  un curso de corte CCC está al alcance de cualquiera, y para adquirir su plante puede haber seguido un tratamiento de rigor similar al que llevan los honorables luchadores de sumo (devoran una barrita hipercalórica cada pocos minutos para mantener su peso), aunque bien pensado no es difícil encontrar un individuo que dé la talla  en Estados Unidos, país de origen de la televenta y líder mundial en colesterol.

     Habría que tener en cuenta un par de datos que se me escapan para poder dar una respuesta firme con respecto al tema. ¿Sabrá el Chef Toni que el 98% de los cocineros están locos?, ¿estará loco el también? ¿Sabrá también que en tres de cada cuatro restaurantes hay, al menos, un cocinero gay?. Son hechos que pude comprobar en mis andanzas por las cocinas del Google Earth, y que si el Chef Toni domina, indudablente sería un auténtico cocinero.

***

     Por otra parte, estas tribulaciones mentales me han llevado a observar lo curioso y rico en excentricidades que es el mundo de la cocina profesional. Hay tanto que decir sobre él que hoy nace en Doblando el Mapa una nueva sección. Todos los viernes hasta nuevo aviso podrás disfrutar de artículos referentes al entorno culinario en Crónicas del Chef Errante, donde quien te escribe se transforma en otro ser diferente al que es de sábados a jueves y además te lo cuenta.

     Esto lo hago pensando en tí, porque te gusta la cocina, y si no, te gusta comer, o al menos no te molesta demasiado, de lo contrario, no podrías estar leyendo este blog.

Buen provecho.

     P.D.- Aprovecho la ocasión para saludar una vez más a los próceres de TRIANA CITY, sin los cuales el Google Earth ya no sería el mismo.

ASÍ FUE Y ASÍ SE LO HEMOS CONTADO

ASÍ FUE Y ASÍ SE LO HEMOS CONTADO

     Si bien en estos días te he tenido en abandono, visitante de Doblando el Mapa, conste que no he dejado de recopilar material digno de publicar en el humilde blog al que acudes.

     El pasado sábado, 20 de Mayo, mientras en otros lugares del Google Earth ocurrían otras cosas, el Andaluz Errante y su señora, la eminente Argentina Aflamencada tuvieron ocasión de presenciar un espectáculo totalmente fuera de lo común.

     El evento tuvo lugar en Sevilla, en el Patio de Armas del Alcázar, enclave singular, a pesar de que la carpa que nos rodeaba nos impedía disfrutar del paisaje en el que se desarrollaban lo hechos. Sobre las ocho y media de la tarde, tras disfrutar de la gastronomía alternativa de algún bar del centro y dar fe del poderoso calor que reina en la ciudad (¿dónde quedó el microclima de la Expo'92?), la Feria del Libro nos regalaba con la actuación de Vivo del Cuento, el proyecto de cuentacuentos de Alberto, el Ladrón de Cuentos, narrador singular donde los haya.

     En esta ocasión Alberto se hacía acompañar por Elena, Mariano y Javi, que ponían música a los tres cuentos de los que se componía la sesión. Estas fieras dieron fe de su dominio del flamenco y del humor musical.

    Dos cuentos árabes y uno sobre el pueblo gitano que Alberto movió por todo el espacio donde podía alcanzar la vista del público, sin dejar de hacer partícipes a los espectadores y mostrando en todo momento sus dotes de improvisación y por qué no decirlo, poca vergüenza, en el buen sentido del término.

     A pesar de que el espectáculo estaba anunciado para adultos, los artistas supieron adaptarse a la inesperada presencia de niños que acudían de la mano de algunos padres despistados. No se pudo evitar, sin embargo, que algunos de los asistentes abandonaran el improvisado patio de butacas, quizá ofendidos por las moderadas alusiones a temas polémicos. Los que nos quedamos hasta el final pudimos presenciar cómo músicos y narrador interactuaban para dar vida a uno de los más originales potajes de cuentos que se pueden disfrutar.

     Y, por supuesto, los que nos quedamos hasta el final del todo, pudimos disfrutar de la juerga sevillana de la mano de estos vividores del cuento, a los que estoy deseando volver a ver, sean cuales sean las circunstancias.

     Desde las crónicas del Andaluz Errante quiero enviar un efusivo saludo a estos artistas que siempre ponen su vida en ello porque si no, no podrían vivir, y les deseo toda la suerte, vayan donde vayan. Os quiero.

     Y a tí, que visitas este humilde blog, te deseo que algún día te los encuentres en algún bar, salón de actos o plaza, dando rienda suelta a su locura.

Saludos errantes.

LO JURO: LA CULPA FUE DEL PIMIENTO

LO JURO: LA CULPA FUE DEL PIMIENTO

     No se hasta qué punto uno puede creer (o creerse a sí mismo) si hablamos de excusas después de cometer errores que son capaces de avergonzarnos ante los demás. Más cuando nos encontramos en la tierra de las excusas por antonomasia; para demostrar esto último solo tengo que remontarme al caso verídico de los instaladores del armario empotrado que faltaba en mi domicilio. Tardaron un mes en venir a montarlo, y este mismo lunes (curiosamente despues de la feria), aparecen dos de ellos con las piezas del armario diciendo que habrían de venir al día siguiente. Existen dos versiones diferentes de los hechos:

      a)- Mi mujer (¿te acuerdas de la argentina aflamencada?) ve llegar a tres armarios, uno desmontado y dos caminando sobre sus dos patas, explicando antes de entrar que el instalador había faltado al trabajo.

     b)- Yo subo a por una cosa que se me había olvidado al salir para el curro, y me encuentro con dos individuos enmonados (vestidos con un mono), que tratan de convencerme de que les falta la herramienta.

     Podría extenderme en esta historia, pero no debería andarme por las ramas, pues el motivo que me impulsa al artículo de hoy es bien distinto.

     Debo hacer una declaración pública que bien puede sonar a excusa, además, de las menos elaboradas, pero  quedaría en mi consciencia si evito la responsabilidad de defender la verdad a toda costa, ya que, como le dijera el tío Ben a Peter Parker, alter ego de Spiderman, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, y disponer de este blog gratuito me empuja a contarte siempre lo que realmente pasó.

     Para que te sitúes, debo remontarme a un domingo cualquiera de abril en el que, sin motivo aparente alguno, se organizaba a pocos kilómetros de aquí una comida mexicana a la que había sido invitado.

     Tras darle un par de vueltas, decidí que lo mejor sería corresponder a la invitación y allí me presenté, dispuesto a romper con la monotonía del puchero, el gazpacho y las lentejas. No hacía sol aquel día, más bien estaba nublado e incluso llovió, y en la casa donde se celebraba el evento todos se agolpaban ya en el salón contemplando con gran espectación cómo Fernando Alonso quedaba segundo en el Gran Premio de Italia de fórmula uno. Me recibieron los anfitriones con efusión y el alma de la fiesta, un espermatozoide con mucho brío, ya me tenía preparado el primer tequila, con su sal, con su limón, como debe ser, vaya.

     Comencé a picar y a hacer un poco de vida social entre los concurrentes cuando el segundo tequila se convirtió en un acto colectivo de adoración a México. Alguien trataba a toda costa de alcanzar el equipo de música para poner un CD de Rocío Dúrcal a manera de doble homenaje. Otros cuantos trataban de impedírselo.

     Entonces comenzó a aparecer más gente, como sucede siempre en estos casos, y aquí fue donde observé que el detalle de recibir a los recién llegados con una rodaja de limón, el salero y un chupito de plástico hasta arriba de tequila era un distintivo de la fiesta. El Andaluz Errante siempre tuvo un espíritu hospitalario, con lo que para no ser descortés, rápidamente me prestaba a acompañar al bienvenido con su trago.

     Entre cerveza y cerveza, pude llegar a contar un total de cuatro tandas de nuevos invitados, al menos de las que yo fuera consciente. Y entre ellas, llegaron los tacos, el chile, el guacamole, solicitando audiencia inmediata con el  señor  Gambrinus tras su ingestión.

    En esto, y de forma muy discreta, comienza a correr el rumor entre los presentes de que no todos los integrantes del comité estaban fumando tabaco, así que un paseito por el patio me llevó a llenar mis pulmones con vitaminas T, H y C (ésta última muy efectiva conta los resfriados).

     Bien, pues durante los siguientes actos sociales, que no iban más allá de la conversación, pues aún no había llegado el baile, comencé a sentirme blanco y poco estable. Ya no era yo quien hablaba y escuchaba, estaba demasiado ocupado en mantener la estabilidad, que había perdido así como de repente.

     En repetidas ocasiones fui a tomar medidas al servicio de los anfitriones, como si de un escayolista más estuviera hablando, y tras dichas idas y vueltas, agotado por el esfuerzo extremo, no pude evitar caer paulatinamente en un estupendo sopor.

     Todos y todas los que presenciaron lo sucedido, y quizás también tú, que visitas al Andaluz Errante, pueden pensar que la causa del lamentable estado en que acabé (ver foto) no fue otra que el exceso incontrolado con el alcohol, aunque existen quienes mantienen la teoría de que el motivo fue la mezcla de espirituosos con otras sustancias.

     Sin embargo, y esto es lo que quiero dejar claro, estoy seguro al cien por cien de que mi descomposición y el dulce sueño (no podía ser de otra manera, ¿eh?) en el que me imbuí fueron consecuencia de otra bravonada bien distinta. En algún momento del ágape, nuestra increíble cocinera experta en mexicanismo sacó a la mesa un plato de pimientos picantes al más puro estilo charro. Y ahí estábamos los muy machos, a ver quien se comía uno de un bocado. Después de una serie de objeciones y argumentaciones, y a la siempre alentadora voz  de "no tiene cohone" quien te escribe se tragó una de aquellas diminutas bombitas verdes si rechistar, sin soltar una sola lágrima y disminuyendo el diámetro de su orificio anal en un  25%.

     Nada más que explicar. Soy un hombre resistente que ha vivido mil juergas diferntes. En algunas salí mejor parado que en otras (lo pueden ratificar algunos gallegos), pero en esta ocasión, aunque parezca una excusa más, lo crea quien lo crea, no importa, juro que la culpa fue del puto pimiento picante.

Saludos errantes.

LA INVASIÓN DE LOS ABANICOS HURACANADOS

LA INVASIÓN DE LOS ABANICOS HURACANADOS

    En estos días la naturaleza humana me ha sobrecogido sobremanera, dados los fenómenos que su comportamiento social, étnico e intercultural llegan a desencadenar. Vamos, que las salidas que tiene el personal de vez en cuando con esto de la Aldea Global,  me dejan cada vez más flipado.

     Sin ir más lejos, ayer, después de salir de uno de mis viajes por el mundo cotidiano, me encuentro que vivo con tres guiris:la primera de ellas es mi mujer, proveniente de Argentina; las otras dos son amigas valencianas que han venido a la feria de mi pueblo, de cuyo nombre no quiero acordarme,  pero en el que ya somos 200.000.

     Pues bien, me temo que la próxima vez que hable con mi casera, después de pagarle los dos meses que le debo le daré la buena noticia de que ya no necesita instalarme el aire acondicionado (muy buena noticia después del trasiego de euros del bolsillo del viandante a las cajas de las casetas que implica la feria). Y es que las guiris al uso, en sólo dos días de feria ya se han hecho con... ¡cuatro abanicos!.

     Diferentes entre sí, estos cuatro especímenes de huracanado cometido que, además de efectivos, apuntan hacia una batalla campal por el diseño más original, pueden servir además para efectuar un análisis detallado de la sociedad humana que implica dicha festividad, la feria; estudio extensible a la sociedad humano-deshumanizada de la localidad que la alberga. Estudio que será objeto de próximos artículos de Doblando el Mapa.

     En este caso, la cuestión a tratar es otra bien diferente, de la que los cuatro huracanitos de bolsillo son también un reflejo. Se trata de cómo estas tres guiris, como quizá la gran mayoría de ellas, llegan a la tierra del sol, el vino, los caballos, el flamenco y el pescaíto frito y quieren ser las más gitanas de la feria. En tan poco tiempo mi casa ha sido el mayor trasiego de claveles, pasos de sevillanas y pelos recogidos en un roete que he visto en mi vida ( y casi he vivido una feria por año).

     El fenómeno sociocultural es curioso: las niñas que llegan de fuera intentan a toda costa mimetizarse con el medio. Las medidas son diversas para alcanzar dicho objetivo: alguna, no contenta con empadronarse aquí, ayudando así a que ya seamos 200.000, se peina tan tirante que no puede parar de sonreir, rematando con un roete o moño que me recordaba a los tiempos en los que yo era un jipi pelilargo y tenía que recogerme el pelo así para evitar un segundo plato de spaguettis con pelo, receta propia que no tuvo demasiada aceptación por el público ni por el jefe de cocina (en aquellos tiempos me gané el sobrenombre de abuela por parte de algunos, ¿sería por el peinado?). Este coqueto look, no el  estrictamente culinario y profesional, sino el folklórico-festivo, estaba elegantemente adornado con un bello clavel color salmón que ya venía rebozado de polvo de la feria (también denominado alvero, quizás a manera de eufemismo).

     No contenta con esta salerosa forma de llevar el pelo y con  mover los brazitos como aquellas fantásticas flamenquitas de plástico que servían para sintonizar mejor el UHF, la susodicha, en este caso mi mujer, pretendia llevar tacones a mi lado. Yo, hombre de corte ibérico y allaverado, me opuse en rotundo , eso sí, de una manera democrática: denuncié el tema ante el comité de fiestas de la ONU y Kofi Annan acabó dándome la razón, tomando el hecho como una ofensa internacional y advirtiendo de la imposibilidad de  frenar a las tropas estadounidenses si se enteraban del asunto.

     Eso sí, el Derecho Internacional no contempla nada referente a capturar abanicos publicitarios de los que se reparten en el recinto ferial, con lo que no pude hacer nada para frenar las fuertes rachas de viento en dirección sur-sureste (siempre se ha dicho que cada uno barre pa su casa).

     Sería redundante hablar de cómo las valencianas iban y venían buscando clases no-profesionales de sevillanas y colgando también claveles (en este caso unos postizos que se aplicaban con una gomilla de pelo o coletero)  de sus respectivas cabelleras, así que me dispongo a sacar algunas conclusiones...

     En definitiva, parece ser que el efecto es el mismo que provoca en las jipis de todo el Google Earth un viaje a La India o a La China, donde  los kimonos y las túnicas se les pegan a la piel y les salen lunares en la frente. Y es que hay que joderse y reconocer que Andalucía es exótica,  diferente y de cuento; cuando caminas por sus parajes suena la musiquita de Chambao.

     La cuestión es que para venir de fuera y convertirse en una andaluza de serie hay que acudir a los tópicos. Ya sabemos que es así, que no existe otra fórmula, así que habrá que resignarse y contemplar el fenómeno con el mejor humor posible. Pero no quiero cerrar el asunto sin prometer que, fiel a mis raices quie jamás olvidaré, no pienso vestirme de gaucho ni de tanguero cuando vuelva por Buenos Aires, ni apareceré de nuevo por Valencia embutido en un traje de fallera.

Saludos errantes. 

P.D.- En la fecha de publicación del artículo, el número de abanicos huracanados ascendía a 8.